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VALERY LARBAUD. Diario de un alicantino

viernes, julio 27, 2007 Deja un comentario Go to comments

De Valéry Larbaud (1881-1955) suele decirse que era “un miembro muy brillante del grupo de la Nouvelle Revue Francaise”, Pero a Larbaud se le recuerda en el mundo anglosajón, a causa de su participación en el “descubrimiento” de Joyce y que fue uno de los tres primeros traductores al francés de Ulysses.


Larbaud durante la primera Guerra Mundial se afincó en Alicante por su tranquilidad y hermosura. Recorrió varios domicilios y hoteles, siendo uno de estos, un piso de la calle Bazán, calle donde también vivió su amigo y escritor alicantino Eduardo Irles. Allí comenzó su diario. Amigo de tertulias frecuenta con el círculo de amistades: Oscar Esplá, Eduardo Irles, Gabriel Miró y los hermanos Bernacer entre otros renombrados alicantinos de la época.

Larbaud recorre los pueblos de la provincia y describe sus impresiones en hermosas páginas. Recordemos como describió a Biar:”Duermo en una pequeña y muy limpia posada. Lo que he visto esta mañana: el ancho y verde valle, los jardines, los olivos, los viñedos No eran colinas abruptas áridas y sin cipreses; se podría uno creer en la Toscana. Nada de palmeras. Una atmósfera más pura y fresca que la de Alicante y sus alredores, y un azul menos profundo en sus colinas Tomo el “carret” para ir a la estación. Mientras esperaba el trenecito (que me recordaba algunos de la isla de Man) que aquí llaman la chicharra, para ira Villena, el pueblo me pareció muy hermoso. reclinado en las pendientes de la peña, con su castillo en lo alto.

La luz maravillosamente pura y calma, sin ese destello cegador producido por el mar actuando como reflector. Una luz campesina, geórgica, apaciblemente tendida sobre las colinas, los muros, los campos las zonas de verde de pálido olivares. Un valle muy hermoso, como los que se ven en la Provenza y en Italia, pero también muy característico muy español (quizá por el aspecto abrupto, la aridez y el color de las colinas y montañas que lo limitan y rodean).
Es una fuente, con el agua corriendo pura desde las rocas de arriba hasta las balsas de piedra. El sonido del agua que corre por todas partes. Un vaso de ese agua no puede compararse con ninguna agua mineral de Europa. Pero hay que beberla en la fuente, por supuesto. Las jóvenes de aquí son muy lindas, de tez pálida y blanca, lo que no es corriente en España”….

Del Diario Alicantino (1917 -1920) de Valery Larbaud

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