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CAMBIOS

Lunes, enero 21, 2008 Deja un comentario Go to comments

LO QUE NO SABÍAMOS DEL ÚLTIMO PAPA NEGRO El País

La elección de Arrupe como prepósito general resultó ser revolucionaria ya en 1965, cuando Pablo VI le pidió apoyo para desarrollar el aggiornamento (puesta al día) acordado en el Vaticano II. “Mi queridísima milicia”, le dijo el Papa. En apenas tres años Arrupe consumó el giro social de la Compañía de Jesús y empezaron sus problemas. Le acusaron de todo, en primer lugar, de ser el responsable del nacimiento y auge de la teología de la liberación, un “lobo marxista” según los conservadores. Las palabras “opción por los pobres”, empleadas por primera vez en una carta de Arrupe a los jesuitas de América Latina en mayo de 1968 fueron la espoleta.

Pocos eclesiásticos han dejado una huella mayor en el siglo pasado que Arrupe, no sólo en la Iglesia romana sino también en otros sectores de la sociedad. Juan Pablo II, el Papa que lanzó a la Inquisición contra los teólogos de la liberación, lo obligó a dimitir en 1981, le impuso un sustituto provisional de su confianza, y maquinó para que el definitivo también le fuera complaciente. No lo consiguió. “Ya verá como no lo eligen”, se había lamentado ante sus colaboradores. Arrupe aceptó las humillaciones, y pidió obediencia al Papa. Lloró en silencio, muy enfermo en mitad de la crisis. “Hemos sufrido mucho”, le dijo más tarde al también jesuita Pedro Miguel Lamet, autor de Arrupe. Testigo del siglo XX, profeta del XXI, quizá su mejor biografía.

En España, adonde vino en pocas pero sonadas ocasiones durante su generalato, Arrupe tuvo intervenciones memorables. En 1970 visitó al padre José María Llanos en las chabolas del Pozo del Tío Raimundo, logró poner orden entre sus revueltas huestes y también visitó al general Franco. Sesenta y cinco minutos de entrevista, cuenta Lamet. Arrupe aprovechó la ocasión para denunciar ante el dictador que había en España brutales detenciones acompañadas de torturas. “¿Tiene usted pruebas de esas torturas?”, replicó Franco. Respuesta del prepósito general: “He visto las espaldas de algunos jóvenes torturados”.

Se ha escrito mucho sobre la evidente rivalidad entre los jesuitas y el Opus. “¿Qué tal sus relaciones con monseñor Escrivá?”, le preguntaron a Arrupe. Respuesta en 1970: “Bien. Pero me debe querer algo menos. Antes me daba dos besos y ahora me da sólo uno”. El Opus, que protegió a Juan Pablo II cuando era sólo un obispo polaco, fue para este Papa lo que los jesuitas para sus predecesores: la milicia queridísima.

El País

Crítico con el Vaticano

El País

Adolfo Nicolás1.jpgAyer fue elegido Prepósito General de la Compañía de Jesús el palentino Adolfo Nicolás. ¿Contra todo pronóstico? Yo creo que no. En la Congregación General de 1983, de la que era secretario general, fue uno de los nombres que más sonó para suceder a Arrupe, con el que mantiene no pocas similitudes: los dos son españoles; fueron destinados muy jóvenes, a Japón (Arrupe en 1938; de Nicolás, en 1961), donde echaron raíces; se comprometieron con la renovación de la Compañía de Jesús en una triple dirección: la inculturación de la fe frente al imperialismo cultural-cristiano occidental, la lucha por la justicia como criterio de verificación de la fe y el diálogo con el mundo moderno, caracterizado por la secularización.

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